El Banco Mundial elimina sus objetivos de financiación climática tras presión de Estados Unidos
El Banco Mundial decidió retirar sus principales objetivos de financiación climática, cediendo a la presión del Gobierno de Estados Unidos, su mayor accionista.
En un comunicado emitido el pasado 29 de junio, la institución confirmó que «retirará» (retire) la meta de destinar el 45% de sus recursos crediticios anuales a proyectos que generen beneficios climáticos, así como el objetivo del 35% establecido en su Plan de Acción contra el Cambio Climático (CCAP). Ambas metas habían guiado la estrategia climática del banco durante los últimos cinco años.
La decisión, que supone un retroceso significativo en el compromiso de la institución con la lucha contra el calentamiento global, se produce tras meses de intensas negociaciones en las que Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ejerció una presión constante para eliminar lo que calificó como un enfoque «miope» que desviaba al banco de su misión central de reducir la pobreza e impulsar el crecimiento económico.
Frente a la postura estadounidense, un bloque de casi 100 países en desarrollo y varias naciones europeas defendieron mantener los objetivos climáticos, pero el poder de voto de Washington (que ostenta la mayor cuota de control en la institución) terminó inclinando la balanza.
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El fin de metas clave y la extensión del Plan de Acción Climática
El Plan de Acción contra el Cambio Climático (CCAP) del Banco Mundial, que expiraba el 30 de junio de 2026, fue extendido de forma indefinida. Sin embargo, la institución eliminó los dos compromisos cuantitativos que habían marcado su desempeño en la materia:
- El primero, establecido en 2023, fijaba en 45% el porcentaje del financiamiento anual que debía destinarse a proyectos con cobeneficios climáticos;
- El segundo, vigente desde 2021, fijaba un piso del 35 % para el financiamiento climático dentro del plan quinquenal.
En su declaración oficial, el Banco Mundial justificó la medida como parte de una «transición de los insumos a los resultados» para maximizar el impacto en el desarrollo. La institución afirmó que seguirá «rastreando e informando» sobre indicadores como las emisiones netas de gases de efecto invernadero y el número de beneficiarios con mayor resiliencia a los riesgos climáticos, pero sin los compromisos porcentuales que hasta ahora guiaban su actuación .
El presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, quien inicialmente tenía el mandato de aumentar los recursos climáticos de la institución, ha reorientado su enfoque hacia lo que denomina «desarrollo inteligente», una estrategia que busca impulsar el empleo y el crecimiento económico, al tiempo que ofrece beneficios climáticos como agricultura resistente a la sequía, infraestructura resistente a tormentas y energías renovables cuando resulta apropiado.

La presión de Estados Unidos y el rol del Tesoro
La eliminación de los objetivos climáticos responde directamente a la presión ejercida por la administración Trump. En abril de 2026, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, argumentó que el Banco Mundial «debe mantener su enfoque en su misión central de reducir la pobreza y aumentar el crecimiento económico», y que eso significaba «deshacerse del objetivo del 45% de financiación climática que genera ineficiencia, distorsiona la toma de decisiones económicas y aleja al Banco de su misión principal».
Bessent ya había ordenado en 2025 al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional (FMI) que regresaran a sus misiones principales de desarrollo y estabilidad financiera, argumentando que se habían desviado demasiado hacia temas como el cambio climático, el género y otras áreas que la administración Trump consideraba ajenas a su mandato.
El presidente Trump, que ha calificado el cambio climático como «la mayor estafa jamás perpetrada contra el mundo», ha trabajado activamente en su segundo mandato para deshacer las acciones climáticas de administraciones anteriores, comenzando con una orden ejecutiva para retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París.
Reacciones internacionales
La decisión ha generado un amplio rechazo en la comunidad internacional. Francia y otros 18 países accionistas firmaron en octubre de 2025 una carta respaldando el trabajo continuo del Banco en materia climática, pero Estados Unidos se negó a firmar, junto con Rusia, Kuwait y Arabia Saudita, mientras que India y Japón se abstuvieron.
La ministra francesa de Desarrollo, Eleonore Caroit, emitió un llamado de última hora el 25 de junio para que el Banco mantuviera intacto el objetivo de financiación climática.
Melanie Robinson, directora global de Clima, Economía y Finanzas del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), calificó la decisión como «desafortunada» y señaló que «un pequeño número de accionistas ha logrado debilitar este marco al eliminar su objetivo».
Robinson subrayó que los países en desarrollo buscan cada vez más inversiones que reduzcan la pobreza y al mismo tiempo aprovechen la oportunidad de un crecimiento más resiliente y ecológico, y destacó que desde que se implementaron el plan y el objetivo, los países han invertido recursos del Banco en energía limpia y asequible, agua, sistemas alimentarios resilientes y ciudades verdes .
En África, la noticia generó especial preocupación. El continente, que representa menos del 4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, es extremadamente vulnerable a los impactos del cambio climático.
El Banco Mundial ha sido históricamente uno de los mayores financiadores externos de la acción climática en África, con proyectos que incluyen barreras contra inundaciones en Mozambique, microrredes solares en Kenia y programas de semillas resistentes al clima en Etiopía. Varios gobiernos africanos expresaron su preocupación por las implicaciones para sus planes de adaptación, y Kenia señaló que la decisión complica la ejecución de su contribución determinada a nivel nacional (NDC) bajo el Acuerdo de París.

El desempeño climático y el contexto financiero global
A pesar de la eliminación de los objetivos, el Banco Mundial había logrado avances significativos en financiación climática durante los últimos años. La actividad crediticia climática de la institución más que se duplicó entre 2020 y 2025, pasando de USD 17.000 millones a más de USD 39.000 millones.
En 2025, por primera vez, el grupo superó el objetivo del 45%, alcanzando el 48% de su financiamiento con cobeneficios climáticos, lo que equivale a aproximadamente USD 50.800 millones.
El Banco también ha integrado el clima en los objetivos de desarrollo de 93 países a través de sus Informes País sobre Clima y Desarrollo (CCDR). Sin embargo, el contexto financiero global sigue siendo extremadamente desafiante. Según datos de la ONU, para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el mundo necesita movilizar USD 5,4 billones anuales para 2030, pero existe un déficit de USD 3 billones debido a las políticas actuales.
Casi el 60% de los países de bajos ingresos están ahora endeudados y gastan colectivamente seis veces más en el pago de su deuda de lo que el Banco Mundial presta en un año.
Los fenómenos meteorológicos extremos, cuyo impacto se ve agravado por el cambio climático, causaron más de USD 120.000 millones en pérdidas económicas en todo el mundo en 2025, la misma cifra que los Bancos Multilaterales de Desarrollo (BMD) se comprometieron a financiar para los países de ingresos bajos y medios en respuesta a la crisis climática para 2030.
¿Qué sigue para la financiación climática del Banco Mundial?
Aunque los objetivos porcentuales han sido retirados, el Banco Mundial insiste en que su «trabajo en materia de clima es y seguirá siendo firmemente impulsado por los clientes», apoyándolos en el cumplimiento de sus propias ambiciones, tal como se establece en sus planes nacionales y Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC).
La institución anunció que, a petición de su Junta Ejecutiva, el Grupo de Evaluación Independiente (IEG) llevará a cabo una evaluación del Plan de Acción contra el Cambio Climático (CCAP). Además, el Banco continuará informando sobre sus indicadores climáticos y ha señalado que «explorará y discutirá formas de estructurar mejor su compromiso en materia de adaptación, naturaleza y contaminación».
Sin embargo, la decisión representa un golpe simbólico y práctico a la financiación climática multilateral. Como señaló una autoridad cercana a las negociaciones, «la imagen (de este movimiento) es pésima», y los países se vieron forzados «a encontrar una manera de acomodar la ciencia vudú de Estados Unidos».
Para las naciones en desarrollo, especialmente en África, la eliminación de un referente concreto y públicamente verificable para el gasto climático genera una incertidumbre considerable y amenaza con retrasar los esfuerzos de adaptación en un continente que ya soporta las consecuencias más graves de un calentamiento global que no ha causado.
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