El Niño

Riesgo inminente de El Niño en 2026: la CEPE insta a actuar antes de que sea tarde

La Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico (CEPE) publicó un análisis en el que advierte que El Niño podría regresar a mediados de 2026 y que existe una alta probabilidad de que se trate de un evento fuerte.

El informe, titulado «El Niño Likely to Return: The Case for Early Action«, insta a los gobiernos a no esperar a tener certezas absolutas sobre la evolución del fenómeno y a actuar de manera anticipada para mitigar pérdidas evitables.

Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), las condiciones de El Niño podrían comenzar a manifestarse tan pronto como en el período de mayo a julio de 2026.

«Después de un período de condiciones neutrales a principios de año, los modelos climáticos ahora están fuertemente alineados, y hay una gran confianza en el inicio de El Niño, seguido de una mayor intensificación en los meses siguientes», declaró Wilfran Moufouma Okia, jefe de predicción climática de la OMM.

Varias agencias hidrometeorológicas nacionales de Asia y el Pacífico ya han comenzado a emitir alertas, y el Centro de Predicción Climática de la NOAA estima una probabilidad de dos tercios de que la intensidad máxima de El Niño alcance un nivel fuerte o muy fuerte.

El cambio climático amplifica los riesgos tradicionales

El informe subraya que el cambio climático está intensificando los impactos asociados a El Niño. El aumento de las temperaturas globales acelera la evapotranspiración, reduce la humedad del suelo y profundiza las condiciones de sequía más allá de lo que sería habitual.

El análisis de la CEPE cita el informe conjunto «Ready for the Dry Years«, elaborado junto con la ASEAN, que demuestra que las sequías ocurren cada vez en un contexto de temperaturas más cálidas, lo que magnifica sus efectos sobre los ecosistemas y la agricultura.

Aunque cada evento de El Niño es único, sus impactos siguen patrones regionales reconocibles. El informe advierte que en países como Indonesia, Malasia, Filipinas y Timor-Leste, los episodios fuertes de El Niño han traído repetidamente sequías, incendios forestales, pérdidas agrícolas y estrés hídrico, patrones que se reforzaron incluso durante el más débil El Niño de 2018-2019.

Los eventos fuertes registrados en 1971-1973, 1982-1983 y 1997-1998 desencadenaron sequías generalizadas, incendios forestales y enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, en todo el sur y sudeste de Asia y el Pacífico.

La intensidad del riesgo es mayor donde la exposición climática se superpone con vulnerabilidades estructurales causadas por la pobreza, la inseguridad alimentaria, la desnutrición y una fuerte dependencia de la agricultura de subsistencia. El informe deja claro que esperar a tener certidumbre sobre la fuerza exacta del fenómeno puede aumentar la exposición a pérdidas evitables.

Para comprender la magnitud de lo que podría venir, el informe recurre al El Niño 2015-2016, considerado el más fuerte de este siglo y que sirve como referencia útil, dada la similitud de los patrones de calentamiento actuales.

Según el informe conjunto «Ready for the Dry Years» de la CEPE y la ASEAN, durante aquel evento más del 70% de la superficie terrestre del Sudeste Asiático experimentó sequía, exponiendo a más de 200 millones de personas a condiciones de sequía severa en el punto álgido del fenómeno.

Las proyecciones más recientes indican que, de cara a 2100, las pérdidas por desastres en la región podrían aumentar de los actuales 418.000 millones de dólares a 498.000 millones en el peor de los escenarios climáticos.

El Niño

América Latina no será ajena: impactos contrastantes entre sequías extremas e inundaciones

Si bien el informe original de la CEPE se centra en Asia y el Pacífico, El Niño es un fenómeno global que también afectará de manera significativa a América Latina y el Caribe durante 2026. Según el Centro de Predicción Climática de la NOAA y los informes del Foro de Perspectivas Climáticas Regionales para América del Sur, los impactos en la región serán profundos y contrastantes, con dos caras muy diferentes dependiendo de la latitud.

En el norte de América del Sur y Centroamérica, El Niño traerá consigo condiciones más secas de lo normal. Países como Colombia, Venezuela, Ecuador (costa norte) y las naciones centroamericanas como Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica enfrentan una alta probabilidad de déficit de lluvias, sequía agrícola y estrés hídrico.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ya ha advertido que estas condiciones podrían desencadenar pérdidas de cosechas, inseguridad alimentaria aguda y un aumento de la desnutrición infantil en zonas ya vulnerables. Adicionalmente, la reducción de la humedad eleva el riesgo de incendios forestales, especialmente en la Amazonía occidental y los bosques secos de Centroamérica.

Por el contrario, en el Cono Sur de América Latina, El Niño suele asociarse con lluvias por encima de lo normal. Regiones del sur de Brasil, Uruguay, el noreste de Argentina y Paraguay podrían experimentar precipitaciones intensas y prolongadas que aumentan el riesgo de inundaciones, crecidas de ríos y deslizamientos de tierra.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha documentado que los impactos económicos de El Niño en la región pueden alcanzar varios miles de millones de dólares, afectando especialmente la agricultura, la pesca, la infraestructura vial y la generación hidroeléctrica.

Un caso especialmente crítico es el de Perú y Ecuador, donde se espera el desarrollo del llamado «El Niño Costero», un calentamiento localizado frente a sus costas. Este fenómeno, independiente pero relacionado con El Niño global, provoca lluvias torrenciales en la costa norte y centro de Perú, así como en el litoral ecuatoriano.

El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI) ya ha emitido una alerta por El Niño Costero para el segundo semestre de 2026, anticipando inundaciones y desbordes de ríos en regiones como Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad. Durante el evento de 2017, este fenómeno dejó más de 100 muertos, 1,5 millones de damnificados y pérdidas por más de 3.100 millones de dólares.

Las autoridades latinoamericanas ya han comenzado a activar planes de acción anticipada. En Colombia, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres coordina medidas de reserva de agua y apoyo a pequeños agricultores. En Perú, el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional realiza simulacros y ha preposicionado suministros en zonas vulnerables. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) ha convocado una reunión extraordinaria de ministros de ambiente para junio de 2026 con el fin de armonizar estrategias regionales.

El Niño

La urgencia de la acción anticipada: tres prioridades clave

Ante este panorama, la CEPE insta a los países a pasar de la previsión a la acción y propone tres áreas prioritarias de actuación:

  • Convertir los pronósticos climáticos en decisiones sobre el terreno. Los avances en los datos y el análisis por satélite permiten ahora una supervisión casi en tiempo real de la humedad del suelo, la salud de la vegetación y la disponibilidad de agua. Esta información debe utilizarse para orientar una preparación específica que determine dónde surgirá el estrés hídrico, qué cultivos tienen probabilidades de fracasar y qué comunidades están más en riesgo.
  • Financiación temprana como inversión en resiliencia. Los impactos de El Niño son acumulativos y pueden durar más allá del propio evento. Actuar con antelación a través de la protección social, el apoyo a los agricultores y una mejor gestión del agua reduce los costes a largo plazo y protege los logros del desarrollo. En un contexto de espacio fiscal limitado, la acción anticipada limita las pérdidas aguas abajo.
  • Fortalecer la coordinación entre sectores. El Niño afecta simultáneamente a múltiples sectores, como la agricultura, el agua, la energía y la salud pública. Las respuestas coordinadas permiten actuar con mayor rapidez y eficiencia, generando beneficios que trascienden un único evento.

El mensaje final del informe es inequívoco. Aunque persiste la incertidumbre sobre la fuerza exacta con la que evolucionará el evento, la evidencia histórica y las señales actuales ya proporcionan una base suficiente para una acción temprana y sin arrepentimientos.

En palabras del documento, «esperar a tener certeza puede aumentar la exposición a pérdidas evitables«.

La CEPE hace un llamado a los gobiernos, las agencias humanitarias y la comunidad internacional para que no esperen a que la crisis golpee y apuesten por una estrategia de anticipación que fortalezca la resiliencia a largo plazo en toda la región de Asia y el Pacífico.

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