Científicos detectan múltiples sustancias tóxicas en plásticos PET reciclados y vírgenes
Un equipo internacional de investigadores de la Universidad Metropolitana de Toronto, el Ecology Center de Michigan y la Universidad Estatal de Wayne publicó en Environmental Science: Processes & Impacts, de la Royal Society of Chemistry, un análisis exhaustivo de sustancias químicas extraíbles y lixiviables en productos de polietilentereftalato (PET), tanto vírgenes como reciclados.
Este estudio se basa en análisis avanzados de productos cotidianos como botellas de bebidas, textiles infantiles, juguetes y ropa adquiridos en distintas regiones de Estados Unidos.
La investigación fue codiseñada y en parte financiada por la Alianza para el Reciclaje Basado en Misiones (AMBR) y la organización Defend Our Health, que agrupan a científicos y organizaciones sin fines de lucro preocupados por los impactos de los plásticos en la salud humana y el ambiente.
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Hallazgos clave del estudio
El análisis identificó docenas de compuestos químicos en todas las muestras examinadas, incluidos 12 aditivos plásticos clasificados como persistentes, móviles y tóxicos (PMT), seis ésteres organofosforados (comúnmente usados como plastificantes y retardantes de llama) y 15 sustancias no intencionalmente añadidas (NIAS), que son sustancias que aparecen durante procesos de fabricación o reciclaje.
Entre los hallazgos más significativos se encuentran:
- Benceno, un conocido carcinógeno, fue detectado de forma consistente en botellas de PET reciclado.
- Etilenglicol y 2-metil-1,3-dioxolano, compuestos asociados con procesos de fabricación, aparecieron en mayores cantidades en PET virgen.
- Los organofosfatos fueron más frecuentes en el PET reciclado, lo que sugiere que pueden introducirse o concentrarse durante el reciclaje.
- En análisis comparativos por región, las botellas de Michigan presentaron niveles más elevados de benzaldehído, mientras que las de California mostraron mayores concentraciones de dietilenglicol, destacando variaciones debidas a procesos de manufactura y suministro.
Estos compuestos fueron detectados tanto en botellas de bebidas como en textiles de uso doméstico, subrayando que la presencia de sustancias químicas no se limita a un solo tipo de producto, sino que está generalizada en artículos hechos con PET.

¿Por qué preocupa esta presencia química?
Aunque muchos de los compuestos detectados no están regulados específicamente en plásticos de uso alimentario, varios de ellos están asociados con efectos adversos para la salud humana según la literatura científica.
Por ejemplo, el benceno es reconocido por su potencial cancerígeno, mientras que ciertos aditivos y NIAS han sido vinculados a alteraciones endocrinas, toxicidad reproductiva y otros efectos sistémicos en estudios previos.
Organismos internacionales, como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, han advertido que una proporción sustancial de las sustancias químicas usadas en la fabricación de plásticos pueden presentar propiedades peligrosas para la salud y el ambiente.
Expertos en toxicología y salud ambiental señalan que, aunque muchos de estos compuestos pueden estar presentes en concentraciones bajas en productos individuales, la exposición acumulativa a mezclas químicas complejas resulta difícil de evaluar y podría representar riesgos a largo plazo.
El diseño de los materiales, la falta de estandarización en los aditivos usados y los procesos de reciclaje son factores que contribuyen a esta incertidumbre científica.
Reciclaje, seguridad y diseño de materiales
Representantes de la industria del reciclaje y de los fabricantes de plásticos han señalado que la mera presencia de sustancias químicas detectadas no necesariamente implica un riesgo agudo para los consumidores, y que muchos están por debajo de límites establecidos por entidades como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) o la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA).
Sin embargo, los investigadores del estudio recomiendan mayor monitoreo y evaluación de riesgos, incluyendo la exposición a mezclas químicas, no solo a sustancias individuales.
Para líderes de organizaciones como AMBR, la clave está en abordar la toxicidad de los plásticos desde el diseño del material, no únicamente en su reciclaje. Si los materiales reciclados simplemente reincorporan sustancias peligrosas, las estrategias de economía circular pueden terminar recirculando riesgos químicos junto con el plástico.
Los autores del estudio subrayan que los resultados, aunque basados en una muestra aún limitada, demuestran claramente la necesidad de investigaciones más amplias, sistemáticas y estandarizadas sobre los contaminantes en PET tanto virgen como reciclado.
Dado que el PET se utiliza en contacto con alimentos y bebidas y está omnipresente en productos cotidianos, estas investigaciones son esenciales para fundamentar políticas científicas y regulatorias sólidas.
Más allá de cumplir metas de contenido reciclado, el desafío está en repensar el diseño de los materiales plásticos para reducir la complejidad química, eliminar aditivos peligrosos desde el origen y asegurar que el proceso de reciclaje no introduzca nuevos riesgos.
Solo así, concluyen los expertos, podrá avanzarse hacia una economía circular que realmente proteja la salud humana y el ambiente, respondiendo a las expectativas sociales, regulatorias y ambientales del siglo XXI.
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