WRI propone comunidades energéticas como modelo para fortalecer la transición justa en Colombia
El World Resources Institute (WRI) publicó un documento de trabajo titulado «Comunidades energéticas: un modelo para fortalecer la resiliencia climática en Colombia», en el que se analiza el potencial de las comunidades energéticas como una estrategia para fortalecer la transición energética justa en el país, especialmente en territorios rurales y vulnerables.
La publicación propone el nexo agua‑energía‑alimentos como un marco integrador para coordinar sectores, instituciones y comunidades en la construcción de un nuevo modelo energético bajo en carbono y resiliente al clima.
El documento subraya que Colombia enfrenta desafíos significativos en su sistema energético, altamente dependiente de la generación hidroeléctrica, lo que lo hace vulnerable a fenómenos climáticos extremos como El Niño y La Niña.
Dicha vulnerabilidad se traduce en riesgos para la seguridad energética, la producción de alimentos y el acceso al agua, afectando especialmente a las zonas rurales y a las comunidades más desfavorecidas.
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Más allá de la electricidad
A diferencia de los enfoques tradicionales centrados únicamente en la provisión de electricidad, el documento de trabajo de WRI plantea que las comunidades energéticas pueden convertirse en un mecanismo de adaptación y mitigación del cambio climático al promover prácticas sostenibles y fortalecer la autonomía de las comunidades frente a fenómenos asociados a un clima cambiante.
El enfoque del nexo agua‑energía‑alimentos reconoce la interdependencia de estos tres recursos y busca optimizar su uso, reduciendo presiones sobre los ecosistemas y garantizando beneficios sociales y ambientales sostenibles.
Según el documento, la gestión conjunta de agua, energía y alimentos permite planificar soluciones adaptadas a los riesgos climáticos locales, incorporando factores como la geografía, la vulnerabilidad y la variabilidad climática.
Así, las comunidades energéticas no solo contribuyen a descarbonizar la matriz energética y ampliar el acceso a la electricidad para las comunidades vulnerables, sino que también fortalecen la resiliencia climática del país en su conjunto.

Contexto normativo y metas nacionales
El documento de WRI se enmarca en la Estrategia de Comunidades Energéticas lanzada por el Gobierno nacional de Colombia en 2024, que permite que comunidades, empresas locales y autoridades colaboren en la generación, distribución y consumo de fuentes renovables, fomentando la autosuficiencia energética y reduciendo la dependencia de combustibles fósiles.
Esta estrategia ha sido respaldada por el Plan Nacional de Desarrollo 2022‑2026, reglamentada mediante el Decreto 2236 de 2023 y la Resolución 40509 de 2024, que buscan democratizar el acceso a la energía mediante la autogeneración, la comercialización y el uso eficiente de fuentes no convencionales de energía renovable.
En línea con estos objetivos, Colombia se ha comprometido a reducir en 51% las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 y a alcanzar la carbononeutralidad en 2050.
En este marco, la transición energética justa se concibe como un proceso inclusivo, equitativo y participativo que transforma la matriz energética sin profundizar desigualdades, integrando a las comunidades más vulnerables.

Tres elementos clave
El documento de trabajo identifica tres elementos clave para el diseño de comunidades energéticas en Colombia:
- Integración climática, para que los proyectos consideren los riesgos y la variabilidad del clima local.
- Fortalecimiento comunitario, que garantice la participación efectiva y la gobernanza local.
- Desarrollo de modelos de negocio comunitarios, que aseguren la sostenibilidad económica y financiera de las iniciativas.
Estos elementos deben garantizar que las comunidades planifiquen soluciones con una visión de largo plazo, entendiendo la transición energética como un proceso sociocultural y económico de transformación.
El documento de WRI concluye que la implementación efectiva de las comunidades energéticas en Colombia requiere una articulación sin precedentes entre sectores e instituciones, superando los enfoques sectoriales aislados.
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