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México y Brasil concentran 72% de reducciones adicionales de emisiones en América Latina, según nuevo informe del WRI

El World Resources Institute (WRI) publicó recientemente un análisis actualizado sobre el estado de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC 3.0) en la región, en el que confirma que América Latina y el Caribe ha dado un paso significativo en materia de ambición climática.

Según el seguimiento que el WRI realiza a los compromisos climáticos de los países a través de su plataforma Climate Watch, a junio de 2026 un total de 138 países a nivel global presentaron sus nuevas NDC 3.0.

En América Latina y el Caribe, lo hicieron 23 de los 33 países de la región, lo que representa el 70% del total regional, una cifra notablemente superior a la media global y que posiciona a la región como un actor destacado en la carrera por limitar el calentamiento global.

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El contexto de las NDC 3.0: un ciclo de máxima ambición

Las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional son los planes en los que cada país detalla cómo contribuirá a los objetivos del Acuerdo de París, unos compromisos que deben actualizarse cada cinco años, reflejando la máxima ambición posible.

El ciclo actual, denominado NDC 3.0, es particularmente relevante porque incorpora las recomendaciones del Primer Balance Mundial (Global Stocktake), realizado en 2023, en el que se reconoció que, si bien hubo avances, el mundo no está en camino de cumplir los objetivos del Acuerdo de París.

El Balance Mundial instó a acelerar la acción en áreas clave como la expansión de las energías renovables, la eficiencia energética, la transición fuera de los combustibles fósiles, la electrificación del transporte y la protección de los ecosistemas.

América Latina y el Caribe: un aporte desproporcionado a la reducción global

El análisis del WRI destaca que América Latina y el Caribe representa menos del 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, sin embargo, sus metas incondicionales de reducción equivaldrían a un 18% de las reducciones globales proyectadas hacia 2035.

Esta contribución, más que ser una evidencia de suficiencia por parte de la región, refleja que incluso con estos avances regionales, el esfuerzo global en su conjunto sigue siendo insuficiente para encaminar al mundo hacia el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5°C para finales de siglo.

A nivel global, las nuevas metas incondicionales, es decir aquellos compromisos de reducción de emisiones que los países se comprometen a implementar con sus propios recursos sin depender de apoyo internacional, implican reducciones adicionales hacia 2035 con respecto a 2030, pero estas solo cubren una fracción de la brecha necesaria: tan solo el 5% con respecto al objetivo de 1,5°C y 11% para los 2°C. Es decir, el progreso existe, pero no a la escala requerida.

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Avances desiguales: el peso de México y Brasil

El informe del WRI revela que el aumento de la ambición en la región se concentra en pocos países, con avances desiguales entre economías. De los 23 países de América Latina y el Caribe que presentaron nuevas NDC 3.0, solo 18 incluyen metas de reducción de emisiones para 2035, mientras que Bolivia, Cuba, Nicaragua, Surinam y Venezuela mantienen metas únicamente a 2030.

Además, solo 12 países establecen explícitamente objetivos de reducción para toda la economía hacia 2035, es decir, metas que abarcan todos los sectores productivos.

Dentro de ese marco, al comparar las metas entre 2030 y 2035, se observa que el aumento de la ambición se concentra en un número reducido de grandes emisores. México y Brasil, en conjunto, representan aproximadamente el 72% de las reducciones adicionales incondicionales de la región y concentran alrededor de la mitad de las emisiones totales regionales, lo que evidencia el peso estructural de sus decisiones climáticas.

Un segundo grupo de países, entre ellos Perú, Panamá, Honduras, Colombia y Chile, muestra mejoras más acotadas pero consistentes con una trayectoria descendente.

En otros países, las emisiones crecerían entre 2030 y 2035 porque no habrían alcanzado su pico de emisiones, lo cual no necesariamente refleja una menor ambición sino trayectorias nacionales distintas definidas según las circunstancias y prioridades de cada país.

Por su parte, Argentina, el tercer mayor emisor de la región, no está incluida en este ejercicio ya que no cuenta con una nueva NDC 3.0 al momento de este análisis, y su ausencia condiciona la lectura integral del balance regional.

En conjunto, el panorama regional muestra una ampliación de las metas hacia 2035, pero con una distribución desigual del esfuerzo, reflejando no solo decisiones de política climática sino también estructuras productivas, perfiles sectoriales de emisiones y capacidades fiscales distintas.

Avances sectoriales: energía, transporte y bosques

El análisis del WRI también examina los avances en sectores clave para la descarbonización. En el sector energético, la región de América Latina y el Caribe posee una ventaja comparativa significativa: una matriz eléctrica relativamente más limpia que la de otras regiones.

Varios países continúan añadiendo y reforzando metas concretas de generación de energía renovable. Por ejemplo, Costa Rica tiene el objetivo de que el 95% de su generación eléctrica sea renovable para 2027 y 2035; Bolivia y Belice fijaron metas del 75% para 2035 y 2030 respectivamente. Sin embargo, el debate regional no se limita a cuánta energía renovable incorporar, sino también a qué velocidad retirar los combustibles fósiles.

Chile reafirmó el retiro total de sus centrales termoeléctricas a carbón para 2040 y Colombia suspendió nuevos contratos de exploración de hidrocarburos y títulos de explotación de carbón. Algunos países, como Brasil y Paraguay, promueven medidas explícitas como la sustitución de combustibles fósiles mediante el uso de biocombustibles y la electrificación, sin establecer plazos concretos para el retiro.

En el sector transporte, las metas de electrificación vehicular en la región son muy diversas. Bahamas apunta a que el 35% de las ventas sean eléctricas y el 15% híbridas para 2030, escalando al 50% y al 30% respectivamente para 2035. Colombia, en cambio, establece su meta en términos absolutos: 600.000 vehículos eléctricos registrados para 2030.

En transporte público, Chile y Colombia destacan como referentes regionales. La capital chilena proyecta que 3 de cada 5 buses sean eléctricos a fines de 2025, mientras que Bogotá proyecta al menos 483 buses de cero emisiones para 2030. Países como México y Venezuela buscan impulsar la infraestructura de carga rápida de vehículos eléctricos, y otros como Bahamas, Barbados, El Salvador y Uruguay buscan expandir los incentivos fiscales, como exenciones de aranceles.

En el sector de bosques y usos del suelo, la mayoría de los países de la región incluyen metas de reducción de la deforestación en sus NDC:

  • México plantea alcanzar la deforestación neta cero para 2030;
  • Panamá aspira a lograr la deforestación ilegal neta cero para 2035;
  • Honduras apunta a reducir en 70% la pérdida neta de cobertura forestal en sus áreas de conservación para 2035;
  • Surinam proyecta reducir su tasa de deforestación anual al 0,03% a partir de 2035;
  • Brasil lidera en escala con la meta de recuperar 12 millones de hectáreas de vegetación nativa para 2030;
  • Chile y Bolivia se fijan metas de restauración y manejo sustentable de bosques nativos de un millón de hectáreas cada uno.
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El desafío pendiente: de la ambición a la implementación

El análisis del WRI advierte que el desafío para la región ya no es solo aumentar la ambición en futuros ciclos, sino cerrar la brecha entre lo prometido y lo que efectivamente se logra, y la evidencia disponible sugiere que la implementación efectiva sigue siendo el principal punto débil.

En la región, uno de los principales obstáculos es que el cumplimiento de los compromisos depende de condiciones políticas y financieras que aún no están garantizadas, por lo que la estabilidad política y la continuidad institucional son fundamentales para sostener reformas sectoriales en el tiempo y para dar señales claras a la inversión.

A esto se suma que 2026 es un año electoral en Brasil, Colombia y Perú, lo que puede introducir incertidumbre adicional sobre la continuidad de las políticas climáticas más allá de un periodo de gobierno.

Por otro lado, persiste una brecha importante en la implementación. En varias NDC, una parte sustancial del aumento de la ambición, especialmente en los componentes condicionales, depende del apoyo internacional en financiamiento, transferencia de tecnología y fortalecimiento de capacidades.

La agenda para avanzar en la descarbonización

Este diálogo forma parte de los esfuerzos que Latam Mobility está impulsando a lo largo de su gira 2026, que recorrerá los principales mercados de la región para profundizar en estos y otros temas cruciales para la transformación de la movilidad.

La gira recorrerá los principales mercados de la región: Ciudad de México y Chile. A lo largo de estos encuentros, líderes del sector público y privado, empresas, inversionistas y expertos internacionales analizarán el presente y futuro de la movilidad eléctrica, la innovación tecnológica, la infraestructura, la energía y la economía climática.

La transición ya está en marcha. La Gira 2026 de Latam Mobility es el punto de encuentro para acelerar decisiones, conectar actores clave y construir, de forma colaborativa, la movilidad sostenible de América Latina.

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