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Liderazgo sostenible bajo presión: los retos que enfrentan los directores del segmento en 2026

En 2026, los líderes corporativos encargados del segmento sostenible se encuentran en medio de un entorno empresarial y regulatorio cada vez más exigente.

Empresas de todos los tamaños y sectores han puesto la sostenibilidad en el centro de sus estrategias, pero ahora se enfrentan a una fase en la que la ambición debe convertirse en resultados concretos y medibles, y donde la presión por demostrar valor financiero inmediato complica su labor diaria.

Esta transición, de compromisos declarativos a acciones tangibles, está redefiniendo lo que significa ser un líder en sostenibilidad en el mundo corporativo moderno.

Los retos que enfrentan estos directores, también conocidos como Chief Sustainability Officers (CSOs), no son solo operativos, sino estructurales.

El rol ha evolucionado drásticamente durante la última década, pasando de estar asociado a relaciones públicas y responsabilidad social a ocupar una posición estratégica en la alta dirección, con impacto en decisiones clave relacionadas con riesgos climáticos, emisiones de carbono y cadenas de suministro. Sin embargo, esta transformación no ha sido lineal ni exenta de tensiones internas.

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Fragilidad estructural del rol sostenible

Una de las preocupaciones más profundas para los líderes de sostenibilidad en 2026 es la fragilidad estructural del propio puesto dentro de las organizaciones.

En varios casos recientes de corporativos globales, incluidos sectores de tecnología y servicios, se han observado reducciones o eliminaciones del cargo de CSO, lo que ha encendido alarmas sobre la disposición real de algunas empresas a sostener la agenda de sostenibilidad cuando las condiciones económicas se tornan adversas.

Esta situación apunta a una problemática más amplia: aunque muchas compañías han articulado metas ambientales y sociales ambiciosas, no siempre establecen estructuras organizativas sólidas para garantizar que estos compromisos atraviesen toda la empresa.

Cuando la función de sostenibilidad pierde peso en la toma de decisiones estratégicas o carece de recursos adecuados, la capacidad de influir en políticas internas, asignar capital para inversiones verdes o gestionar riesgos aumenta el riesgo de que la sostenibilidad quede relegada a un cumplimiento mínimo y no a un motor real de valor.

Presión por demostrar valor financiero inmediato

Otra tensión clave que enfrentan los CSOs en 2026 es la necesidad de demostrar que las estrategias de sostenibilidad también aportan valor financiero tangible.

El enfoque empresarial tradicional ha premiado durante décadas los resultados trimestrales y la eficiencia en costos, lo que puede entrar en conflicto con inversiones a largo plazo en iniciativas ambientales, sociales y de gobernanza (ESG).

Bajo el escrutinio de juntas directivas, accionistas e inversionistas, los líderes de sostenibilidad deben encontrar formas de traducir compromisos ambientales en métricas que apoyen el crecimiento del negocio y la rentabilidad, sin sacrificar la integridad de sus objetivos sostenibles.

Esto se vuelve particularmente desafiante cuando las expectativas de los stakeholders van más allá de simples declaraciones y exigen pruebas de impacto real.

Los compradores, reguladores y consumidores están pidiendo mayor transparencia y resultados verificables, lo que intensifica la presión sobre los CSOs para que conviertan las promesas en proyectos que generen retornos evidentes y defendibles.

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Recortes presupuestarios y recursos limitados

A pesar de los crecientes desafíos que enfrentan los líderes de sostenibilidad, muchos están operando con presupuestos cada vez más limitados.

La reducción de recursos destinados a sostenibilidad corporativa puede afectar la capacidad de los equipos para invertir en herramientas de medición de impacto, tecnologías verdes o programas de capacitación que faciliten la ejecución efectiva de iniciativas ESG.

En algunos casos, incluso cuando las empresas mantienen compromisos públicos con la sostenibilidad, la falta de financiación adecuada puede llevar a que la función se convierta en un ejercicio puramente reactivo, centrado en el cumplimiento y la presentación de informes, en lugar de una acción estratégica que impulse la innovación y el impacto real.

Este dilema resalta una tensión crítica: la sostenibilidad corporativa exige cada vez más especialización técnica, datos de alta calidad y procesos de gobernanza robustos, recursos que tradicionalmente no han sido asignados con la misma prioridad que otras áreas como operaciones o ventas.

Sin inversiones suficientes, los líderes de sostenibilidad luchan por justificar su valor dentro de una organización que aún evalúa fuertemente su desempeño en términos financieros tradicionales.

Incertidumbre y retrasos en marcos regulatorios

Además de desafíos internos, los líderes de sostenibilidad enfrentan un panorama regulatorio global en constante evolución.

Aunque muchas empresas se preparan para cumplir con normativas estrictas, como la Directiva de Debida Diligencia Corporativa en Europa o regulaciones emergentes sobre divulgación climática, los cambios y retrasos en estas leyes pueden generar frustración y complicar la planificación estratégica.

Esta incertidumbre regulatoria no solo dificulta que las organizaciones anticipen requisitos futuros, sino que también hace más compleja la tarea de justificar inversiones tempranas en iniciativas de sostenibilidad.

Cuando las reglas cambian o se postergan, los equipos de sostenibilidad pueden encontrarse en una posición de vulnerabilidad frente a directores financieros o ejecutivos de operación, que pueden cuestionar la urgencia de proyectos a largo plazo sin un mandato claro y uniforme.

De la estrategia a la ejecución

Un análisis de IMD sobre tendencias corporativas de sostenibilidad apuntan a que 2026 es el año en el cual las empresas deben pasar de la ambición a la ejecución efectiva.

Según expertos en estrategia empresarial, el enfoque sostenible está dejando de ser únicamente un propósito estratégico para convertirse en una prioridad operativa que debe generar resultados tangibles, resiliencia organizacional y ventajas competitivas claras frente a condiciones de mercado complejas.

Este cambio implica que los líderes de sostenibilidad no solo deben diseñar roadmaps y planes a largo plazo, sino también articular cómo estos esfuerzos se traducen en valor económico, mitigación de riesgos y ventajas estratégicas frente a la competencia.

En este contexto, la sostenibilidad se convierte en un puente entre la gestión de riesgos, la innovación y el crecimiento sostenible, y los líderes deben demostrar que pueden integrar estas dimensiones de forma cohesionada y efectiva.

Liderazgo estratégico en la encrucijada

El liderazgo sostenible en 2026 está bajo presión como nunca antes. Los directores de sostenibilidad tienen la responsabilidad de equilibrar ambición ambiental con resultados económicos, gestionar recursos limitados, navegar marcos regulatorios inciertos y consolidar la sostenibilidad como un pilar estratégico integral dentro de sus organizaciones.

Este desafío no es exclusivo de mercados maduros; también impacta profundamente a empresas que operan en América Latina, donde las expectativas regulatorias y de stakeholders están creciendo rápidamente.

A pesar de los obstáculos, muchos líderes corporativos continúan defendiendo y ampliando compromisos sostenibles, adaptándose a un panorama en constante cambio y buscando innovar desde dentro para demostrar que la sostenibilidad no es solo una aspiración ética, sino una pieza central para la resiliencia y competitividad empresarial en la década de 2020.

2026 como año de consolidación

Más que anuncios ambiciosos, 2026 será un año para medir resultados. La movilidad eléctrica y de bajas emisiones dejará de evaluarse por el número de proyectos piloto y pasará a juzgarse por su capacidad de operar a escala, reducir emisiones reales y mejorar la calidad de vida urbana.

Para América Latina, el reto será capitalizar su experiencia en transporte público eléctrico, cerrar brechas de infraestructura y construir políticas estables que permitan que la transición no solo sea verde, sino también inclusiva y económicamente viable.

En este contexto de transformación regional, Latam Mobility invita a formar parte de la Gira de Encuentros 2026, una plataforma clave para conocer en profundidad la evolución del mercado, las tendencias tecnológicas, los modelos de negocio y las oportunidades de inversión que están definiendo el futuro de la movilidad sostenible en América Latina.

La gira recorrerá los principales mercados de la región: Monterrey y Ciudad de México, Brasil, Colombia y Chile. A lo largo de estos encuentros, líderes del sector público y privado, empresas, inversionistas y expertos internacionales analizarán el presente y futuro de la movilidad eléctrica, la innovación tecnológica, la infraestructura, la energía y la economía climática.

La transición ya está en marcha. La Gira 2026 de Latam Mobility será el punto de encuentro para acelerar decisiones, conectar actores clave y construir, de forma colaborativa, la movilidad sostenible de América Latina.

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